SABOR PILA
LA AVISPA
Una semana. de nuevo, una sombra amarilla. me ronda la cabeza. son las avispas. no son de mi casa, ni de mi espacio, ni de mi vida. están fuera. entran y salen de su panal sordas, lentas y mudas. salgo al balcón cada mañana. un avispero bajo el sillín de la vieja y oxidada bicicleta, presencia ruinosa de algo que fué. salgo para mirar si ahí siguen, dormidas y amontonadas. esta mañana me decido. con un palo y desde lejos, asesto un golpe que arranca medio panal, graggg, como un belcro. las avispas se vuelven locas, pero flotan en el aire tan atontadas que fácilmente entro dentro sin que apenas se me acerquen. estoy en ello, concentrada, se que hago algo necesario, apartar las avispas de mi vista, de mi vida, bajo el sillín. el panal ha quedado desprendido, sobre la rueda, expuesto al sol. he pensado que al aire y sin protección terminarán por salir todas de mi cabeza, me voy, ya, con menos sombra amarilla.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)





